El infiltrado.

Hace varios años veía un vídeo de Juan Carlos Monedero en el que hablaba de su experiencia en el gobierno de Hugo Chávez. Contaba que a altas horas de la noche, mientras trabajaba en el Palacio de Miraflores, escuchaba llegar al presidente Chávez de sus largas visitas por la geografía venezolana. El presidente le exclamaba cariñosamente: “¡Infiltrado!” en referencia a que normalmente nadie se quedaba trabajando hasta tan tarde como Juan Carlos. Monedero por su parte afirmaba que Hugo Chávez también era un infiltrado en el sentido de que no había una tradición de tal dedicación de un presidente por su pueblo. Era, en definitiva, muy diferente hasta del aparato de su gobierno que incluso le bloqueaban algunas de sus ideas o iniciativas legislativas.

Contaba también que una vez en el avión presidencial, el presidente Chávez cuando vió entrar a Monedero le dijo de nuevo: “¡Infiltrado!” y por poco la escolta presidencial le da un disgusto.

Hoy 29 de marzo, se cumplen exactamente cuatro meses que dejé mi labor parlamentaria. Sigo haciendo política como siempre hice pero desde otros escenarios muy faltos de mimbres rebeldes. Fueron más de tres años y medio en los que peleé por mi tierra intentado dar voz a los sin voz. Mi puerta giratoria ha sido el paro.

Hace unos días volví a la Asamblea de Extremadura para firmar una pila de cajas con documentos y actas que como Secretario Primero de la Mesa de la Cámara tenía pendientes. Volví a sentir que mi sitio no era aquel, como me ocurrió durante toda la etapa de diputado. Siempre me sentí como un infiltrado tanto en la asamblea como muchas veces en mi propio grupo parlamentario.

Hace poco escribí que hace falta “menos líderes políticos y más líderes sociales” en referencia a que, reconociendo la dificultad y la importancia de la labor institucional, no podemos poner todos los huevos en la misma cesta.

Durante estos cuatro meses mi cabeza sigue a mil por hora y sigo sembrando otros surcos y vereas muy necesarias para que la dignidad germine en Extremadura.

Mi etapa institucional ha sido una parte maravillosa de mi vida que me ha servido para conocer mejor mi tierra y mi gente. La inmensa riqueza humana, cultural, patrimonial y ambiental de esta tierra empobrecida, expoliada y saqueada.

Mi más sincero abrazo y reconocimiento a todas las personas que desde las instituciones y las organizaciones sociales pelean por la grandeza de nuestra tierra.

¡Seguimos!

¡Hasta que la dignidad se haga costumbre!.

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