El último racismo razonable: el antigitanismo. Carta abierta a todas las personas con responsabilidades orgánicas o institucionales en PODEMOS.

Un amigo sudanés, médico, al que le ha costado sangre, sudor y lágrimas llegar hasta donde está, me decía una noche con toda la tranquilidad de una persona que ha vivido mucho, que los compañeros y compañeras de verdad son aquellas que te dicen cuándo te equivocas, con franqueza y sinceridad.
Por eso, desde el compromiso y la lealtad, les comparto este texto fruto de la reflexión conjunta con mi hermana María José Jiménez Cortiñas y que he enviado tanto al Consejo Ciudadano Estatal de PODEMOS como al Consejo Ciudadano extremeño y demás cargos del partido con email conocido.
Porque no conozco ni tengo el contacto de todas las personas a las que va dirigida te agradezco, a tí que lo estás leyendo, la difusión del mismo.
Sin miedo a la libertad, vamos a cruzar el puente.

 

CARTA ABIERTA A TODAS LAS PERSONAS CON RESPONSABILIDADES ORGÁNICAS O INSTITUCIONALES EN PODEMOS.

            A tí, por tus responsabilidades dentro del partido, te hago llegar estas palabras urgentes surgidas tras diferentes conversaciones con una hermana gitana. Pude ver el miedo en sus ojos, la angustia, la impaciencia, la rabia, el coraje y la dignidad. Ella hablaba también por boca de su madre. Por boca de su pueblo.

EL ÚLTIMO RACISMO RAZONABLE: EL ANTIGITANISMO.

            La expulsión de una niña gitana en Francia mientras iba de excursión con su instituto en el año 2013 fue ordenada por el ministro de interior socialista Manuel Valls, que se postula ahora como candidato de Ciudadanos para la alcaldía de Barcelona. Por su parte el ministro de interior italiano Matteo Salvini ha anunciado la elaboración de un censo de gitanos/as y su deportación inminente, algo que a pesar de ser ilegal, ya fue aprobado por el gobierno de Berlusconi en 2008. Aún más cerca, en España, las actitudes antigitanas son mucho más frecuentes de lo que nos pudiera parecer. Baste como ejemplo la concejala socialista expulsada de su partido tras comentarios racistas. Y es que el antigitanismo es un tipo de racismo institucional que es ejercido, consentido, apoyado y hasta razonado por las instituciones y sus estructuras.

El antigitanismo en España ha bebido de más de 230 leyes antigitanas. En nuestro país ya hubo censo de gitanos tan antiguos como la propia idea de España. La prohibición de movilidad, las órdenes de asentamiento o las expulsiones ordenadas por los Reyes Católicos trajeron como consecuencia uno de los episodios más racistas en la historia de los gitanos y las gitanas en este país, la Gran Redada, un intento pionero de genocidio de estado planificado para el exterminio sistemático del pueblo gitano que implicó la concentración y reclusión forzosa de toda persona gitana fundamentada en criterios meramente étnicos, su segregación por sexos y el proyecto de financiación del cautiverio a través de la explotación de su trabajo y la expropiación de sus bienes. Ésta sólo fue posible por el censo y la sedentarización forzosa de los gitanos y gitanas.

Es urgente prestar toda la atención que se merece a la historia del racismo institucional y también es hora de cuestionar y reclamar de manera seria y responsable la lamentable falta total de respuesta por parte de todas y cada una de las fuerzas políticas europeas, incluyendo los mal llamados partidos de izquierdas y socialdemócratas en esta cuestión. ¿Por qué cuando hablamos de grandes figuras antifranquistas en el mundo de la cultura no reclamamos la figura de Helios Gómez? ¿Por qué cuando ponemos el grito en el cielo para cambiar el callejero de nuestro país no exigimos la retirada de calles, plazas y demás espacios que ensalzan la figura del Marqués de la Ensenada?

El antigitanismo, insisto, es estructural. Y he aquí el gran peligro. Sirva como ejemplo la Real Academia de la Lengua Española que incluye “trapacero” entre las diferentes acepciones de la palabra “gitano” y la mantiene porque constata que su uso social es vigente.

Llevamos años asistiendo, sin ruborizarnos apenas, a la normalización, consentimiento y justificación de todo tipo de actitud, comportamiento y políticas antigitanas en todos los pueblos de Europa y que no siempre proceden de la ultraderecha.

Cada vez que silenciamos, ignoramos, quitamos la voz y negamos de manera constante el reconocimiento como minoría del pueblo gitano, estamos fomentando y alimentando el antigitanismo que hace que personas como Salvini o Valls campen a sus anchas por toda Europa.

Antigitanismo es también, como dicen Silvia Agüero y Nicolás Jiménez, que en España exista un déficit de representación de la población gitana en los espacios sociales, políticos, económicos y culturales de toma de decisión que genere que sus opiniones sean tenidas en cuenta y que todas las decisiones que les afectan las tomen personas payas.

Y aquí me quiero detener. Como representantes de una herramienta política que busca la transformación social de nuestro país debemos ser conscientes de que no es cuestión de que elaboremos políticas para ellas, sino de que sean ellas mismas los que elaboren políticas para todas. En el I Congreso Feminista Romaní contaba una gitana que un alto cargo de un gobierno le preguntó: “¿Quieres colaborar en el área de servicios sociales del barrio X de la ciudad Z?”. La gitana le respondió: “Yo quiero tener tu puesto.”

Hasta este momento las políticas, también las nuestras, han sido diseñadas sin contar con las gitanas y gitanos y han producido dependencia y subordinación tanto entre sus supuestos beneficiarios como entre las gitanas y gitanos en las filas de las ONGs destinadas a tutelar sus derechos en su nombre.

Como fuerza política somos cómplices de un sistema de representación y de reproducción del poder social que ignora los intereses legítimos de la población gitana y desestima sistemáticamente la competencia política de sus miembros allí donde está sobradamente acreditada.

Llevamos siglos de retraso. Seamos conscientes de que no hay cambio posible sin que tengan voz propia también en las instituciones, sin que exista una voluntad política clara, justa, democrática, feminista y antirracista que apueste de verdad y sin miedo por hacer suya la causa y lucha contra el antigitanismo en España y Europa.

Nunca avanzaremos en esta tarea si no somos conscientes de que combatir el racismo estructural implica mirarnos en un espejo que no nos favorece y que a veces no es tan distinto de lo que criticamos. De hecho, en la práctica, los gitanos y gitanas siguen siendo, generación tras generación, aquellos “con quienes nos tenemos que quedar” y nunca con quienes tenemos que contar. No es que ellos sean “nómadas”, es que nosotros somos inmovilistas.

Compañeros y compañeras, ha llegado el momento de dejar de copar todos los cargos orgánicos e institucionales. Se acabó el tiempo de los superhéroes blancos. Es la hora de trabajar duro para incluir en las posiciones de máxima responsabilidad a nuestros hermanos y hermanas gitanas y racializadas.

Me decía mi amiga: “lo que está pasando en toda Europa (y España) es muy grave. Necesitamos soldados.

Pues eso.

 

samudaripen

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