El Salvador.

Marta, Luis Alonso, Giovanni, Jasmine, Fernando, Evana, Luis, Anabel, Emerson, Brenda, Kevin, Sofi, Erik, Natalia, Rodrigo, Marielba, Ana Iris, Heriberto, Helí, Carol, Guayo, Georgina, “Santiago”… nombres que aún tengo bien presentes tras mi paso por unos de los lugares más espectaculares que he visto nunca, El Salvador.

Un país con una riqueza ambiental, étnica y cultural desbordante y al mismo tiempo tremendamente empobrecido por un puñado de familias poderosas que no han dudado en utilizar al ejército en beneficio propio provocando miles de muertes y desapariciones.

El pueblo salvadoreño amanece mucho antes que el sol se asome en el horizonte, para intentar vender sus productos hasta varias horas después de que la luna haya hecho acto de presencia.

El Salvador se reinventa cada día. Con unas profundas raíces indígenas ancladas en el tuétano de la historia trabaja duro para modelar con la suavidad de las manos que acarician el fruto de la milpa un futuro de hierro que aporte paz y prosperidad.

En mis conversaciones con algunas de las personas que antes citaba se repetían inquietudes, preguntas, temores, anhelos. Todas ellas, de diferentes edades y trayectorias, compartían su curiosidad por cuándo, por qué y cómo había surgido en España ese proyecto de transformación social que es PODEMOS, al mismo tiempo que transmitían cierto hartazgo y desilusión con los dos partidos tradicionales salvadoreños.

Me pareció vivir una especie de déjà vu, retroceder espacio-temporalmente a las grandes movilizaciones populares del 15M de 2011, de las Marchas de la Dignidad en 2014 o la Plataforma de Afectados/as por las Hipotecas.

Estas personas que compartían esas reflexiones y que se están politizando -entiéndase como pasando a poner temas políticos en sus conversaciones cotidianas- serán sin saberlo las que dentro de unos años sean protagonistas en primera persona del cambio que está bullendo en El Salvador a consecuencia de unos partidos tradicionales que no están dando de sí lo que se esperaba de ellos.

Una de esas personas me dejó escrito en un libro un fragmento de uno de los poemas del salvadoreño Roque Dalton:

El Salvador será un lindo

y (sin exagerar) serio país

cuando la clase obrera y el campesinado

lo fertilicen, lo peinen, lo talqueen,

le curen la goma histórica,

lo adecenten, lo reconstituyan

y lo echen a andar sus jóvenes.

Sin querer -creo- añadió las dos últimas palabras al párrafo de su paisano haciendo, si cabe, aún más hermosa la composición. No puedo estar más de acuerdo con la modificación involuntaria de la misma. Las/os jóvenes de El Salvador serán quienes definitivamente portarán con orgullo la bandera del nahuatl-pipil, de los pueblos indígenas, de quienes trabajan sus campos. Ellas/os serán quienes honrarán como se merece la memoria de Monseñor Romero, Elba y Celina Ramos, Rutilio Grande, Prudencia Ayala, Ellacuría, El Mozote, Perkín… La juventud salvadoreña tomará irremediablemente las riendas de su país para comenzar a poner los cimientos de un nuevo proyecto para el Pulgarcito de América.

Mientras, a este lado del Atlántico, debemos seguir trabajando duro con humildad, responsabilidad y generosidad pues están puestos sobre nosotras/os más ojos y esperanzas de lo que nos creemos.

Vamos a ello.

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Ver en Facebook: https://www.facebook.com/EugenioRomeroBorrallo/posts/846905922113311:0

 

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