“Alegría para luchar y organización para vencer.”

Dice nuestro paisano, Víctor Chamorro -escritor, Medalla de Extremadura 2012 y muchas cosas más-, en este vídeo -> “Entrevista a Víctor Chamorro (Manel Márquez y Manolo Cañada. Hervás: 3.08.2012 1/4“, que en el año 36 y a través de las Casas del Pueblo, los extremeños y extremeñas dieron la vuelta al discurso de siglos de: “Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra (de arriba)” por el de  “Bienaventurados los bravos que se atrevan a defender sus derechos, a ocupar las tierras, porque de ellos será un trozo de tierra arable, pisable, con la que combatir el hambre y con la que cambiar la vergüenza del hambre por la dignidad.

Hoy, esa vergüenza del hambre, de la que hablaba Víctor, es una de las principales armas de los que han generado esta crisis para que sus víctimas se mantengan con la cabeza gacha, sumisos, sin alzar la voz. Hemos interiorizado la cantinela de que quien no tiene para comer o para dormir es porque se lo ha buscado. Como si las estafas bancarias no tuvieran nada que ver con haber dejado a cientos de miles de personas sin sus ahorros. Como si las acaudaladas cúpulas políticas no tuvieran nada que ver con las reformas laborales que dejan a cinco millones de personas en el paro sin posibilidad de recibir un subsidio por desempleo, ni de encontrar un trabajo que cubra las necesidades básicas. Como si estas mismas personas no tuvieran nada que ver con destinar miles de milllones de dinero público a sanear las deudas de entidades privadas, quitándolo de las pensiones de la Seguridad Social e impidiendo así que las personas que llevan toda una vida trabajando tengan unas condiciones de vida dignas cuando dejen de hacerlo.

Ellos son los culpables y les señalamos con el dedo. Las grandes empresas, los grandes capitales, que nos imponen lo que tenemos que comer, ver o cultivar, y los políticos a su servicio. Las grandes eléctricas que ganan 3.127 millones en el primer semestre de 2015, en las que acabarán muchos de los políticos que hoy les favorecen con sus leyes y decretos. Unas grandes empresas que no dudarán en seguir reduciendo sueldos, alargando horarios y eliminando derechos laborales. Si pueden ganar 100, mejor que si ganan 95, aunque se lleven por delante familias enteras.

Ese puñado de personas de la lista Forbes que controlan la riqueza mundial, saben que lo único que les puede hacer frente es un pueblo concienciado y unido. Por éso se preocupan en aislarnos, en que nos encerremos en nosotros mismos, en que pensemos que nuestro problema económico es particular y no una estafa colectiva que podemos contrarrestar actuando de forma coordinada. Por éso les interesa tanto la competitividad en lugar de la solidaridad. Por éso fomentan el egoísmo y la pelea por las migajas entre las “un poco pobres” y las “muy pobres”, a sabiendas de que si se organiza un movimiento aglutinador nos podemos quedar con todo el pan. Saben que, como decía Víctor Chamorro, podemos alterar el discurso de siglos, y cambiar la vergüenza del hambre por la dignidad. Hay experiencias recientes en las que gigantes como Monsanto, Coca Cola o Telefónica-Movistar se han llevado una sorpresa ante un grupo de personas organizadas y convencidas de que llevaban la razón.

Ése es el quiz de la cuestión, la concienciación y la unidad y para que ello ocurra hay que trabajar desde los arrabales de la sociedad hasta llegar al centro urbano, pasando por todo tipo de barrios, porque, en la situación de emergencia en la que estamos, no sobra nadie. Hay que construir el movimiento desde abajo y con paciencia, desde el barro. Pensando más allá de las elecciones. No podemos ni debemos apostarlo todo a la política porque tenemos demasiadas experiencias de incumplimientos de programas electorales. Los diferentes gobiernos, salvo honrosas excepciones, no hacen lo que el pueblo les encomendó, ni dimiten por ello. Las instituciones pueden ser facilitadoras, complementarias, pero el grueso del trabajo tiene que ser realizado de forma autónoma desde las calles y plazas. Y ahí es donde está el papel imprescindible de una sociedad organizada y vigilante que presione para que las demandas de las mayorías se hagan realidad. No se consiguió el derecho al voto o las jornadas laborales de ocho horas en las urnas. No nos aseguraremos de la derogación de la LOMCE ni de la desprivatización de la sanidad sólo con las urnas.

Este proceso no se construye en un día, ni desde las cafeterías de los restaurantes, las facultades universitarias o las redes sociales. Es algo que debe ser lento pero sólido, para afrontar mejor las decisiones (internas o exteriores) que perjudiquen a las mayorías. Actuando con una filosofía similar a las palabras de Rafael Correa, presidente de Ecuador, cuando decía: “no pensamos en la próximas elecciones, pensamos en las próximas generaciones“. Éso es, precisamente, lo que se está haciendo a nivel estatal por multitud de colectivos desde hace tiempo, tal y como viene reflejado en el siguiente artículo: “Movimientos sociales se organizan para articular una unidad popular más allá de las elecciones.”

Ese movimiento debe ir, además, más allá de nuestras fronteras y organizarse para que los países periféricos de la Unión Europea dejen de ser maltratados. En ese sentido también se están organizando iniciativas a nivel internacional como las EuroMarchas 2015, que durante el mes de Octubre recorrerán Europa partiendo desde las principales capitales europeas para llegar a Bruselas el día 17. Una de esas columnas partirá de Gibraltar pasando por Extremadura. Aquí pueden ver su recorrido.

Estas experiencias se vuelven fundamentales en el proceso aglutinador que nos ocupa. Un proceso que debe ir acompañado de iniciativas que saquen del interesado apagón informativo a esa gran cantidad de colectivos que están trabajando duro para cambiar las cosas. Una concienciación a través de la experiencia de personas que, en muchos casos, tenemos muy cercanas. Me decía una vecina hace unos días que “las palabras persuaden, pero el ejemplo arrastra“. Esta formación a través del ejemplo es lo que se llevó a cabo hace unas semanas en el Instituto Ferial de Mérida (IFEME), en las jornadas de la Escuela Básica de Verano que organizaba La Marea Básica, en las que tuve la suerte de poder participar.

Presentación1

Presentación2

Asistieron personas y organizaciones de diferentes territorios que expusieron sus experiencias en un ambiente de compañerismo, respeto y admiración mutuos. Cada historia y cada testimonio servían de ejemplo e inspiración para el resto.

Participé presentando la primera mesa de debate, titulada ‘¿Dónde estamos?. Análisis del momento económico y político. Crisis económica, crisis ecológica, crisis europea, crisis de Régimen‘. Puse sobre la mesa diferentes temas dentro de cada uno de los bloques a tratar, haciendo especial hincapié en la crisis ecológica que estamos sufriendo y la pérdida de soberanía que supone tanto a nivel internacional como a nivel de Extremadura, en particular. Intervinieron Manel Márquez, historiador, fundador de kaosenlared y militante de las CUP, Héctor Illueca, coordinador estatal de Frente Cívico y Óscar Alonso, miembro del colectivo ‘Apoyo Mutuo‘. Todas las intervenciones coincidieron en la importancia de una sociedad organizada que vele por el bienestar de la mayoría social víctima de esta crisis/estafa.

Pueden ver una completa galería de imágenes en la página del compañero José M. Domínguez García -> pinchando aquí. Un resumen de algunas imágenes aquí.

Tienen disponibles algunas intervenciones en vídeo a través de youtube:

  • Carmen Ibarlucea, de Equo.

  • Vídeo resumen de las jornadas, de José Antonio Bellón.

Más material audiovisual derivados de las jornadas de formación:

Fueron unas jornadas muy interesantes y fructíferas, con calidad y calidez en cada intervención. Imprescindibles para seguir mejorando día a día.

Escribía nuestra paisana, Dulce Chacón: “Quizá el tiempo se mida en palabras. En las palabras que se dicen y en las que no se dicen. Sí, el tiempo es también la duración del silencio”. Por éso no podemos perder ni un segundo, no podemos permanecer silenciosas. Nuestra voz nunca estará dormida. Cambiaremos la vergüenza del hambre por la dignidad.

Crear dos, tres, muchas escuelas de formación. Ésa es la consigna.

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Un comentario en ““Alegría para luchar y organización para vencer.”

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